Fotografiar la naturaleza implica un contacto íntimo con los elementos que la forman. Esta proximidad nos permite descubrir sus secretos, que son apasionantes, y compartirlos con quién desconoce esta fuente inagotable de sorpresas y satisfacciones. Bien es cierto que para conseguir ciertas imágenes la principal virtud será, sencillamente, estar ahí. Ello puede implicar madrugones intempestivos o una larga caminada, esfuerzos que no siempre se verán recompensados. Nunca sabemos con certeza que encontraremos en nuestras salidas, y precisamente este es uno de los aspectos que hacen de la fotografía de naturaleza un reto apasionante, pero en ningún caso sencillo. Por otro lado nunca debemos olvidar que nuestra actividad siempre debe realizarse con el máximo respeto hacia aquello que deseamos retratar.

Para nosotros, fotógrafos de la naturaleza, el hecho de ser espectadores privilegiados nos motiva todavía más a participar activamente en su conservación. No queremos, nadie debería quererlo, que este espectáculo natural termine nunca. Por eso nuestras fotografías no deben ser sólo una fuente de satisfacción personal sino también una preciosa herramienta para difundir las maravillas grandes y pequeñas que nos rodean.

Con la llegada de la tecnología digital nos encontramos ante la más importante revolución de la fotografía desde su invención. El material cambia a un ritmo rápido, frenético, las posibilidades aumentan cada día, pero no deberíamos olvidar que aspectos como la paciencia, la ilusión y el conocimiento del medio en el que nos movemos son, ahora más que nunca, imprescindibles si queremos conseguir nuestro premio, esta imagen que mostrará nuestra manera única y personal de entender la fotografía de naturaleza.